Un corazón como el mío, desarraigado y lleno de desprecio hacia el ser humano, no llega a poder aguantar a aquellos bípedos que hacen de la ignorancia una virtud, que ante esta sociedad aborregada se sienten fuertes con respuestas de bolsillo, y que sin ninguna argumentación ni idea de los asuntos tratados, tira a la basura por completo la más brillante teoría que haya creado el hombre, además, de ser encima lo más abundante en esta sociedad de mierda a la que nos vemos enganchados y de la cual no podremos escapar si no es pagándolo. Según este arquetipo de sociedad, Sócrates, Platón, Aristóteles, Nietzsche, Schopenhauer son simples marginales que no follaban y se aburrían, pues no existía el fútbol ni las videoconsolas.
La lucha diaria por no olvidar jamás los días ya pasados, me estremece y me hace perder medio día, entonces pues, ando anclado en el principio de mi vida, recuerdo mi inocencia, recuerdo como la perdí, en uno de esos “mediodías” que si vivía. Es extraña la sensación de inocencia y maldad que se concentran en mi alma, como un extraño sabor de boca al despertar, seca y absurda. Esta medida, de recordar diariamente mi pasado, me obliga a conectar socialmente el modo automático, de respuestas simples y lo que coloquialmente se conoce como “lo que la gente quiere oír” , a veces, me siento desdichado al vivir en un mundo mucho más irreal en el que yo me siento a gusto. Un lugar donde la ilusión aparecía a la vuelta de cada esquina, donde el barro se creaba para saltar en él, en donde te ganabas un guantazo por cualquier impertinencia, donde aprendías un nuevo idioma llamado matemáticas. Y ese mundo… Vosotros me lo habéis robado.
Simón, desde que te fuiste tengo que decir que, la verdad, no estamos nada mal sin ti. También es cierto que podríamos estar mejor pero, ya ves, las buenas cosas mueren bajo el sol. Y ahora es la memoria mi guía porque, eso sí, pienso en ti cada día desde aquella mañana de agosto reinventada hasta la saciedad, sin lograr encontrar nada de nada, ni una explicación ni un porqué al que poderme aferrar. Y ahora no sé por qué Viene a mi mente el colchón que tuvimos que bajar Javi y yo a la basura, sin poder dejar de mirar esa mancha oscura que allí nos dejaste como herencia y recuerdo antes de partir en tu último viaje, probablemente al infierno.
Y me vas a disculpar si nunca te llevo rosas. Me vas a permitir contar algunas cosas sobre lo poco que sé de tus días de vino y rosas, con todas las bromas como aquella en que al pasar delante de una funeraria nos decías "agachaos, no vaya a ser que os tomen las medidas" Ese era tu consejo, tu sabio consejo, y no estuvo mal, pero se te olvidó algo importante: tú también tenías que agacharte, sí, tú también tenías que agacharte, pero nunca quisiste cuidarte, no, nunca quisiste cuidarte.
Y quiero pensar que por una vez hice algo mejor que tú. Quiero pensar que por una vez hice algo mejor que tú, que ni siquiera acabaste esa carta de despedida que en el ordenador Santi encontró perdida. Y ahora que perdiste tan absurdamente la partida, ahora estoy cansado y hasta tengo miedo de mi propia vida. Y sé que lo tendré toda la puta vida, decida lo que decida.
Bueno, al final tal vez tuviste suerte porque, tal vez, dímelo tú, mejor que ser un hombre solo y arruinado resulte ser, como dijo el juez, "el finado", mientras se tapaba la nariz con su pañuelo. Y desde cualquier lugar dondequiera que ahora te estés pudriendo sólo quiero que sepas que ya no te tengo miedo, que ahora estoy cansado y sólo tengo miedo de mi propia vida, y que sé que lo tendré toda la puta vida decida lo que decida, decida lo que decida.
Como tú siempre decías: "Formalidad poca, pero que dure", formalidad poca, pero que dure, como tú siempre decías.
Gracias, así es y así será, así es y así será, toda mi vida, decida lo que decida, decida lo que decida.
Ella creía que no debía olvidar, pues si el mundo había sido injusta con ella, no debía dedicarle ni una puta sonrisa. Ella creía que no se debía fiar de nadie, pues siempre había sido engañada por cada una de las personas que había conocido. Ella creía que no debía de tener pareja, pues el estar acompañado tan solo crea dependencia, coacciona nuestra realidad. Ella creía que esta vida no estaba hecha para ser feliz, ¿Entonces como existía tanto sufrimiento? Ella soñaba con anhelar todo aquello que rechazaba, pero el mundo le había embrutecido, le había hecho de piedra, le había esculpido a golpes. Ella, no es la culpable.
El hombre que imagina que encontrará mayor placer entre los brazos de una mujer cuya belleza lo atrae que entre los de cualquier otra, es víctima de una ilusión voluptuosa; una ilusión parecida a la que, cuando está concentrada en una sola mujer, lo convence firmemente de que la posesión de ésta puede proporcionarle una dicha sin límite.
Cuando echamos una mirada sobre el trajinar de la vida, ocupados como estamos con sus miserias y sufrimientos, intentando con todas nuestras fuerzas satisfacer nuestra innumerables necesidades y defendernos del dolor en todas sus facetas, si por ello abrigar otra esperanza que conservar precisamente esa atormentada existencia individual, todos logramos entenderla por un corto perío de tiempo. De repente, sin embargo, logramos captar en medio del barullo el encuentro de las miradas ensimismadas de dos amantes; pero, ¿por qué tanto sigilo, temor y ocultación? Porque esos amantes son los traidores que procuran perpetuar todas aquellas miserias y calamidades, que de otra forma llegarían a su fin; fin que aquellos que quieren impedir, como otros hicieron antes.
Por primera vez, abandono la tónica de este anónimo foro, el cual no ha recibido ninguna publicidad y tan solo espero decidido a aquellas personas que las mareas, las olas y las pasiones arrastren hasta esta pequeña isla. Hoy acabo la racha de poesías que destripan mi alma y de pequeñas historietas que desordenan mi cabeza anunciando la realidad de mi existencia en estos momentos, me voy a enfrascar en una historia, tan solo una, voy a exprimirme para sacar jugo al argumento que llevo en mi cabeza, en lo que intentaré que se convierta en un libro, el cual no sé si llegaré a editar, solo Dios y la suerte lo saben. No sé si me pararé a escribir un poema, otra historia que llene mi cabeza y que no pueda fundirla en la otra, tan solo lleno de esperanzas mi cabeza para poder lograr lo que hace tiempo se hacia grande y ahora veo tan cerca y claro. Hoy utilizo este espacio del mar cibernético a modo de diario, de autoayuda brindada por este santo blog, al cual nunca pude tener el cariño como fue mi primer blog, mi primer amor en cierto modo. Adelante y sin cambiar el rumbo os deseo buena suerte. Sed felices.
Como comenzar esta historia Que me lleva a ponerme otra vez de pie Dándome al corazón la vuelta En una ruleta de casino tal vez
Todo estaba muy sencillo Todo olía siempre bien No era de esperar los suicidios Que esta tierra maldita iba a cometer
Siempre hay un bien Para aquellas personas honradas Siempre hay un bien En miradas desgraciadas
No siento ahora la necesidad De volver la vista hacia atrás Muy cansado ya me siento De ver cuerpos a los lados De esa carretera sobre la que nunca huí
Como todo buen animal Que se quito la careta de persona Solo piensa en los minutos Que le quedan para volver a comer
Son mis instintos primarios Me hacen sentir tan bastardo Rozando siempre la vulgaridad De la inmensa mayoría de esta sociedad Llena de hienas hambrientas de oro
Hasta nosotros sube de los confines del mundo el anhelo febril de la vida: con el lujo la miseria confundida, vaho sangriento de mil fúnebres festines, espasmos de deleite, afanes, espantos, manos de criminales, de usureros, de santos; la humanidad con sus ansias y temores a la vez que sus cálidos y pútridos olores, transpira santidades y pasiones groseras, se devora ella misma y devuelve después lo tragado, incuba nobles artes y bélicas quimeras, y adorna de ilusión la casa en llamas del pecado; se retuerce y consume y degrada en los goces de feria de su mundo infantil, a todos les resurge radiante y renovada, y al final se les trueca en polvo vil
Nosotros, en cambio, vivimos las frías mansiones del éter cuajado de mil claridades sin horas ni días sin sexos ni edades. Y vuestros pecados y vuestras pasiones y hasta vuestros crímenes no son distracciones, igual que el desfile de tantas estrellas por el firmamento. infinito y único es para nosotros el menor momento. Viendo silencioso vuestras pobres vidas inquietas, mirando en silencio girar los planetas, gozamos el gélido invierno espacial. Al dragón celeste nos une amistad perdurable; es nuestra existencia, serena, inmutable, nuestra eterna risa, serena y astral.
Todo se adivinaba siniestro, macabro, lleno de incertidumbre y de mucha grandeza, un almacén vacío, mi yo físico y mis millares de personalidades, reflexionando sobre esto y aquello, planteando teorías imposibles, danzando entre pasillos con ubicaciones concretas, candados, hojas y mucha tristeza por mi situación. ¿Es acaso lo que me espera el restos de mis días? ¿Será la tristeza emperadora en mi ser? Es increíble lo que la soledad acompaña en algunos caso, como cultiva pensamientos, como nada con la coherencia y la incoherencia a la vez sin estorbarse, como transcurren ocho horas diarias entre pensamientos de responsabilidad barata y muy mal pagada, poniendo soluciones fáciles para el sufrimiento como el suicidio, todo ello hasta el punto de pensar la cara de odio y asco que pondría la mujer de la limpieza que acude cada día cuando viera que me he ahorcado y ella egoístamente piensa en las heces que le tocará limpiar por un sueldo mísero y en algunos casos de esclavo, para hacer rodar la rueda del consumismo con su móvil nuevo. El único ruido apreciable era el de la calefacción, que a llegado a lograr que parezca este almacén un minúsculo infierno lleno de trampas y de un aire caliente agobiante, en el que te sientes irrisorio ante todas las fuerzas térmicas, no soy nada, no somos nada. Nunca he sido amante del orden, de procedimientos, normas, vestimentas, hipocresía, cinismo, desesperanza, y de todo ello, está lleno este almacén, intereses ocultos más allá del dinero, personas que intentan resurgir el orgullo que hace tiempo perdieron de una manera lícita. Miles de piezas para miles máquinas de matar, todo ello servido en bandeja de madera por un ser como yo, que odia la guerra, que se ha visto obligado a ser misántropo por la actitud individual y vulgar del ser humano, nacido en la avaricia y siempre con una etiqueta bien grande con su precio. Una contradicción sobre mí mismo, una mentira creada por el monopolio de sociedad, una batalla perdida constante, fatigado, anestesiado por el único nexo que me une a todo este engaño manifiesto, un poder lleno de sensualidad y una voz muy dulce, ciertos aires de niñez que me recuerdan que debe existir un lugar mejor, que todo es un completo error de percepción, tiene un poder que realmente no ve, no lo valora, más bien lo ignora. Se me retuerce el alma, el corazón y mi existencia al pensar en sus caricias, al notar las yemas de sus dedos eternas en mi, al sentirme abrazado las noches en las que el frío aprieta y mi soledad interior aumenta sintidiéndose débil y sin fuerzas para seguir. Ese poder logra alejarme de los bares, de olvidarme con alcohol, de arrancarme las venas y dejarme ir muy lejos, logra hacerme en muchos casos bien, desata mi lado más animal, mis instintos primarios, secundarios y terciarios, logra arrancarme versos en las noches que me dice que ya no me quiere.
De repente, me di cuenta de que ahora me encontraba abandonado de mí mismo, y fui pasando curioso de puerta en puerta, y en cada una leía una inscripción, una seducción, una promesa. - ¡A cazar alegremente! Montería de automóviles
La inscripción me atrajo, abrí la puerta estrechita y entré. Me encontré arrebatado, en un mundo agitado y bullicioso. Por las calles corrían los automóviles a toda velocidad y se dedicaban a la caza de los peatones, los atropellaban haciéndolos papilla, los aplastaban horrorosamente contra las paredes de las casas. Comprendí al punto: era la lucha entre los hombres y las máquinas preparada, esperada y temida desde hace mucho tiempo, la que por fin había estallado. Por todas partes yacían muertos y mutilados, por todas partes también automóviles apedreados, retorcidos, medio quemados; sobre la espantosa confusión volaban aeroplanos, y también a éstos se les tiraba desde muchos tejados y ventanas con fusiles y ametralladoras. En todas las paredes anuncios fieros y magníficamente llamativos invitaban a toda la nación, en letras gigantescas que ardían como antorchas, a ponerse al fin al lado de los hombres contra las máquinas, a asesinar por fin a los ricos opulentos, bien vestidos y perfumados, que con ayuda de las máquinas sacaban el jugo a los demás y hacer polvo a la vez sus grandes automóviles, que no cesaban de toser, de gruñir con mala intención y de hacer un ruido infernal; a incendiar por último las fábricas y barrer y despoblar un poco la tierra profanada, para que pudiera volver a salir la hierba y a surgir otra ves del polvoriento mundo de cemento algo así como bosques, praderas, pastos, arroyos y marismas. Otros anuncios, en cambio, maravillosamente pintados y estilizados, en colores más finos y menos infantiles, redactados en una forma muy inteligente y espiritual, prevenían con afán a todos los propietarios y a todos los circunspectos contra el caos amenazador de la anarquía, cantaban con verdadera emoción la bendición del orden del trabajo, de la propiedad, de la cultura, del derecho, y ensalzaban las máquinas como la más alta y última conquista del hombre, con cuya ayuda habríamos de convertirnos en dioses. Pensativo y admirado leí los anuncios,los rojos y los verdes; de un modo extraño me impresionó su inflamada oratoria, su lógica aplastante; tenía razón, y, hondamente convencido me quedé parado ya ante uno, ya ante otro,y, sin embargo, un tanto inquieto por el tiroteo bastante vivo. El caso principal estaba claro: había guerra, una guerra violenta, racial y altamente simpática, en donde no se trataba de emperadores, repúblicas, fronteras, ni de banderas y colores y otras cosas por el estilo, más bien decorativas y teatrales, de fruslerías en el fondo, sino en donde todo aquel a quien le faltaba aire para respirar y a quien ya no le sabía bien la vida daba persuasiva expresión de su malestar y trataba de preparar la destrucción general del mundo civilizado de hojalata. Vi como a todos les salía risueño a los ojos, claro y sincero, el afán de destrucción y de exterminio, y dentro de mí mismo florecían estas salvajes flores rojas, grandes y lozanas, y no reían menos. Con alegría me incorporé a la lucha.
Tan débil como la sociedad Y yo que te creía tan especial Estás enganchada a cosas vacías No hay más que mirarme a mí
Hemos recorrido el camino sin frenos Sin muros ni Berlín Sin profecías pero con opiniones contrarias Que nos hacen crecer un año cada año
En estas ruinas de papel cebolla Que calca todo aquello por lo que lloras Con la cera que sale de las velas en mi funeral Mi muerte crónica de por vida
Tan solo pero tan rodeado De uñas mordidas por sí acaso Por si el tren descarrila en fracaso En estas vías torcidas y oxidadas
Tan solo el tiempo será nuestro juez y testigo Las agujas del destino marcarán Nuestras arrugas en los ojos Nuestros ojos, que jamás deben dejar de mirarse
La lluvia es la realidad Llena de gente con paraguas Que no se quieren enterar absolutamente de nada Te deja calado si la dejas entrar Como el perfume de tu cuerpo al despertar
Miro los charcos que reflejan paisajes Pisadas anónimas y aceleradas En esta lluvia desenfrenada En una ciudad alumbrada Por los faros de los coches en caravana
Ya tengo chorreando el pelo De esta verdad que me llega De esta realidad de la naturaleza Tan libre como una hoja al viento
La gente corriente Acude en masa a los tejados A ver como escampa su tiempo Y les libera del miedo
La lluvia es libertad La lluvia me trae nostalgia Y te hace dar esos pasos en el pensamiento Que mil soles jamás podrán ofrecer